Regresar al pasado
Volver al pasado no siempre duele, hay momentos que el destino te hace regresar, quizá porque quedaron cosas que resolver, sensaciones que saborear, ilusiones perdidas que revivir...
La vida pasa muy deprisa, los años van pesando y nos hacen olvidar la inocencia de aquell@s niñ@s que un día fuimos, puros, sensibles, aunque fuertes de espíritu y llenos de pasión.
Reencontrarse, muchas veces, implica ir en busca de lo que una vez te hizo soñar con un futuro lleno de felicidad, cuando la infancia no te dejaba ver el peligro, ni el miedo, una etapa en la que aún no se había experimentado la desilusión, el sufrimiento ni la frustración...
Instantes en los que solo afloraban emociones positivas que se disfrutaban y te erizaban la piel, sin saber aún lo que significaba sacar a diario la fuerza interna para seguir adelante y sobrevivir a un mundo lleno de personajes idealizados sin ser capaces de sacar la bonita esencia para convertirnos en nuestra mejor versión, pues es menos doloroso viajar con las defensas que nos protegen sin autorizarnos volver a ilusionarnos y soñar como cuando podíamos hacerlo siendo esos pequeños que ya no somos...
Crecer nos aleja de la sencillez, acercándonos cada vez más a la muerte, pues no nos consentimos vivir cada pequeño soplo de aliento que la vida nos proporciona para convertir cada uno de nuestros anhelos en una misión a compartir, regalando a quienes nos rodean el más puro sentimiento con el que nacemos, el amor, que nos permitiría ofrecer, sin miedo, cuantos valores cambiarían el mundo: alegría, comprensión, compasión, sinceridad, empatía, bondad y paz.
El pasado nos define y ese aprendizaje nos lleva a caminar hacia la transformación de nuestro Presente para llegar a nuestro futuro de una forma más saludable.
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