Estrella y su Rey

Cuando Estrella pudo liberarse de lo que durante años la tenía prisionera, se prometió a sí misma que ya jamás volvería a mendigar amor. 
Para ella amar era un valor tan preciado que no todo el mundo merecía. Se había pasado toda su vida vaciando su corazón, esperando que los demás le correspondieran de la misma forma, y se dió cuenta que no se podía ofrecer algo que no nacía de dentro, desde el alma. Aceptó que su forma de amar era incomprendida y que la mayoría de personas no la entendían, quizá por sufrimientos vividos, quizá por no haber aprendido el verdadero sentimiento del amor. La cuestión es, que ella sentía, que sus emociones superaban las de muchos. No por ello, dejó de creer en que un día aparecería alguien que sintiera como ella lo hacía.
Fue entonces cuando se planteó e idealizó a su hombre ideal, a ese compañero de vida que la hiciera volver a creer en el amor, no con palabras, sino con actos. 
Conoció a muchos caballeros con bonitas armaduras, hombres que no terminaban de mostrar lo que escondían debajo de sus vestimentas de acero, seres que la amaron a medias. Estrella lo vivía como una etapa de crecimiento personal, pues de cada uno de ellos extraía lo mejor y se alejaba cuando sentía que ninguno era el caminante que deseaba para el nuevo viaje, que había emprendido, hacía la felicidad.
Era un Rey lo que ella buscaba, alguien despojado de sus miedos y sus sufrimientos, un ser que hubiera batallado contra sus demonios y hubiera salido victorioso en cada lucha. Alguien que a pesar de haber experimentado el desamor fuera capaz de transmutar todos las emociones negativas en la única y verdadera positiva, la alegría, las ganas de vivir y pudiera entregarse desnudo hacia la mujer que eligiera como su Reina, aquella que lo completara para poder llevar a cabo sus sueños.
Después de meses, cansada de ver solo superficialidad en los hombres que fue conociendo apareció en sus redes sociales un rostro que le llamó la atención, una mirada que la penetró, que le llegó hasta lo más hondo de su ser y se propuso conocer a ese ser que misterioso que no dejaba ver del todo su rostro, pues su fotografía era borrosa, antigua. Ella sabía que no era una imagen actual, ni nítida, algo que le sorprendió en ante unos ojos tan puros, tan expresivos, tan llenos de verdad.
Empezaron a hablar por mensajería, al principio ambos estaban desilusionados frente al amor, ninguno de los dos mostraba su interior, pero Estrella confió en su instinto y tuvo miedo de sentir algo que no pudiese controlar y que no fuera recíproco, se lo comentó a él, le pidió sinceridad y le dijo que si el interés no era mutuo, ella prefería seguir su camino, sin más. Fue cuando él reaccionó, quizá no estaba acostumbrado a mujeres tan seguras de lo que buscaban, y fue entonces cuando se abrió y le explicó que estaba escribiendo un libro donde narraba una historia del amor que él anhelaba. Estrella no podía creerse que el destino la hubiera llevado a un escritor romántico como ella y eso la animó aún más a conocer a ese personaje sin un rostro definido. 
La escritura los unió y fue el motivo por el cual panificaron su primer encuentro, una cita mágica que a Estrella la deshubicó pues reconoció al protagonista que ella había convertido en Rey de copas en cada uno de sus sueños, el Rey a quien podía sin miedo entregarle nuevamente su amor y por ello quiso decírselo, mostrarle los sentimientos que empezaron a aflorar desde que lo vio por primera vez...
Le escribió su primera carta de amor, y en ella le decía...
Cuando te encontré, observé como te ibas acercando a mí, seguía sin verte, hasta que tu intensa mirada se posó en mi rostro... ya desde ese momento no podía creer lo que estaba sucediendo, el corazón empezó a palpitar y mis nervios a aflorar... no pude mirarte, sólo abrazarte...
Paseamos, nos reímos, nos contamos experiencias vividas, nos emocionamos, vimos juntos amanecer... y yo seguía sin poder mirarte...
Cogidos de la mano disfruté del tacto de tu piel, agarrados por la cintura sentí el calor de tu cuerpo, abrazados seguimos caminando y bailamos por la playa... y yo aún sin poder mirarte....
Me desnudé explicándote mi dolor, quise mostrarte mi alma, entregarte mi corazón y conseguí conectar nuestros intelectos... todo ello, sin poder mirarte...
Tú sí me mirabas, con tus ojos me acariciabas, me besabas, me protegías, me calmabas... yo lo notaba, lo disfrutaba, lo anhelaba... pero seguía sin poder mirarte...
Con tus palabras mi imaginación se transportaba y viajaba... cuando sonreías, tus labios me incitaban a besarte... te acercabas, me rozabas y sin apenas tocarme, mi cuerpo se estremecía, vibraba con una intensitad que me paralizaba, me bloqueaba... cuando por primera vez me besaste sentí que podía relajarme, pues nuestras energías coincidían, siendo puras, limpias... y es entonces cuando comprendí que estábamos destinados a ofrecernos amor... y aún así, seguía sin poder mirarte...
Rompiste todos mis esquemas Rubén, vi a alguien muy grande, te reconocí como el amor que siempre deseé, vi en tí a mi Rey... y tuve tanto miedo que seguía sin poder mirarte...
Y de repente, empezó a suceder todo lo que durante la noche deseé... sin apenas darme cuenta me encontré con tus ojos, sentí como se entrelazaban nuestros cuerpos... nos acariciamos, nos besamos y sonreímos... desde entonces, no dejé de mirarte... 
Ardimos de deseo, vibramos de emoción, fundimos nuestros cuerpos y siendo solo uno, explotó nuestra pasión... y en ese instante supe que ya jamás podría dejar de mirarte.

No sé tú...

Dios mio!!! Que preciosidad, cada palabra la he sentido, la he visto, eres especial, mi Sonia, este es tu cometido, escribir tus experiencias, tus sentimientos, no es nada fácil, estoy muy feliz, de ser junto a ti el protagonista de este hermoso comienzo, de ojalá una preciosa historia.


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